Carta

El origen de la Alianza por una Educación para la Ciudadanía Planetaria (AECP)
En 2014, pedagogos, responsables de asociaciones y políticos crearon la agrupación “Paris-éducation 2015”. Partiendo de itinerarios profesionales y militantes muy diversos, todos llegaron a una conclusión en común: es necesaria una profunda transformación de los sistemas educativos, desde lo local hasta lo mundial y desde el jardín de infantes hasta la universidad, para preparar a los jóvenes a asumir sus responsabilidades futuras. En efecto, en un mundo interdependiente, se encontrarán con el desafío de llevar a cabo en las próximas décadas una transición hacia sociedades ecológicas y solidarias, lo que implica un profundo cambio en los modos de pensamiento y de acción.

En la actualidad, el desequilibrio climático no es más que una manifestación de un desequilibro más general que afecta al conjunto de las relaciones: entre las personas; entre las sociedades; entre la humanidad y la biosfera. Esta evolución general interpela nuestra capacidad para comprender y asumir la complejidad, para pensar y actuar desde el momento en que las relaciones entre los seres y entre las cosas se vuelven más importantes que cada uno de ellos tomado por separado.

Frente a esta situación, la educación tiene que encontrarse en primera línea. Con ocasión de la organización de la COP21, en diciembre de 2015, la agrupación “Paris-éducation 2015” publicó un Manifiesto por una educación para la ciudadanía planetaria http://paris-education2015.org/. También consiguió armar una jornada temática sobre educación para el desarrollo sostenible y la ciudadanía planetaria. En dicha jornada, organizada por el Ministerio de Educación Nacional francés dentro de la COP misma, responsables de muchos países se reunieron para afirmar que las sociedades del mundo no lograrán hacer frente al calentamiento global con medidas políticas, jurídicas, económicas o técnicas si éstas no van acompañadas al mismo tiempo por una reforma radical de los sistemas educativos que vaya más allá de la educación para el medioambiente y el desarrollo. Tenemos que rever integralmente nuestras maneras de pensar y actuar y recrear los vínculos que mantenemos entre nosotros y con los ecosistemas que nos hacen vivir.

La AECP reúne a personas que quieren perpetuar y ampliar el Manifiesto y la presencia de la educación para la ciudadanía planetaria en las COP.

Objetivo de la Alianza

A través de la educación en la escuela y a lo largo de la vida, el objetivo es brindar a todos y cada uno los medios para ser un “ciudadano del mundo”, informado sobre las consecuencias de sus elecciones y sus acciones, capaz de entender las problemáticas de su contexto de vida, desde el nivel local hasta el mundial, de reflexionar sobre sus compromisos personales y colectivos y de asumir un papel activo, tratando de resolver los problemas que se plantean en su sociedad y en el mundo para contribuir, a largo plazo, a la creación de un mundo más justo, pacífico, tolerante, integrador, seguro y sostenible. Dar a todos y cada uno las capacidades necesarias para transformar de manera positiva la sociedad mediante procesos de aprendizaje que lleven al conocimiento de otras culturas e instalen modelos de comportamiento de disponibilidad, de apertura y de diálogo.

Constataciones que fundan nuestro accionar: la necesidad de una educación para una ciudadanía planetaria, responsable, ecológica y solidaria
La magnitud y la irreversibilidad de las interdependencias que se han creado entre los seres humanos, entre las sociedades, entre la humanidad y la biosfera constituyen una situación radicalmente nueva en la historia de la humanidad. La convierten de un modo irrevocable en una comunidad de destino; la ciudadanía local se inscribe dentro del marco de la construcción más amplia de una ciudadanía planetaria consciente de esa comunidad de destino y decidida a asumirla.
Los sistemas económicos y sociales actuales están basados en una demanda masiva de recursos naturales no renovables, en particular los energéticos, en la exaltación del individualismo y la competencia, en la transformación de los bienes comunes en mercadería, en instituciones y un sistema jurídico que no incitan a las personas y a las organizaciones -sean públicas o privadas- a asumir la responsabilidad de su impacto sobre el conjunto de las sociedades y sobre la biosfera. La continuidad de estos sistemas económicos y sociales es incompatible con la armonía de las sociedades, la preservación de la integridad del planeta y el cuidado de los intereses de las generaciones futuras.
La magnitud de los cambios que hoy son necesarios para la construcción de un planeta viable está fuera del alcance de cada uno de nosotros en forma individual y de las instituciones aisladas, por más poderosas que sean en apariencia. Hacen falta respuestas que se arraiguen en el espíritu de nuestra humanidad colectiva, lo que significa el compromiso de todas las personas, de todas las instituciones públicas y privadas y de todas las naciones para cooperar y lograr esos cambios.
La conciencia de nuestras responsabilidades compartidas en relación a otras sociedades y en relación al planeta es una condición de supervivencia para la humanidad. Por un lado, el sistema educativo tiene en este sentido un papel determinante para asumir: más allá de la transmisión de conocimientos, contribuye a modelar la visión del mundo que prevaldrá en las próximas décadas y debe preparar a los jóvenes a ejercer su ciudadanía, desde lo local hasta lo global, de una manera responsable, ecológica y solidaria. Por otro lado, los niños y los jóvenes están en el centro de la edificación de un mundo más viable y solidario: deben al mismo tiempo enfrentar las consecuencias de nuestro desarrollo no viable actual y soportar el peso cada vez más pesado de ese mismo desarrollo si continúa. Representan una parte importante de nuestras sociedades y el modo de vida que elijan tendrá una incidencia muy fuerte sobre el mundo del futuro.
Los sistemas educativos heredados del pasado y concebidos para responder a los desafíos de su época no se adecúan a este nuevo desafío de una educación para el desarrollo sostenible y la ciudadanía planetaria. Adolecen de la inercia común a todos los grandes sistemas conceptuales e institucionales y tienden, es comprensible, a ignorar la magnitud y la urgencia de las transformaciones que hay que llevar adelante, tanto más cuanto que en muchos países la gobernanza misma del sistema educativo es poco compatible con la conducción de cambios a largo plazo y de estrategias educativas realmente compartidas con actores de la sociedad civil.
Existen muchísimas experiencias en distintas escalas, de iniciativa pública o privada, dentro o fuera del sistema educativo en sí, basadas implícita o explícitamente en las constataciones anteriores. Esa abundancia constituye una riqueza y permite discernir mejor los sistemas a promover y los obstáculos a superar. Hay que admitir, sin embargo, que hasta ahora esas experiencias siguen siendo fragmentadas, se ubican en la periferia de los dispositivos educativos existentes y no logran transformarlos.

Los objetivos de la Alianza
Contribuir a poner en red y valorizar las acciones concretas orientadas hacia una verdadera transición ecológica, cultural y social proveniente de distintos lugares donde los jóvenes aprenden y desarrollan sus competencias: la escuela, los espacios asociativos y el territorio; sacar provecho de esa diversidad para poner de manifiesto las transformaciones necesarias
Promover un cambio de escala de las dinámicas de transformación ya existentes y acompañar las estrategias de cambio de los sistemas educativos conducidas a largo plazo.
Mediante la puesta en red de las experiencias locales y la formulación de las ideas directrices que de allí emerjan, pasar de una suma de innovaciones a una estrategia de transición más global, con el fin de promover una educación para el desarrollo sostenible y para la ciudadanía planetaria responsable, ecológica y solidaria en los tres niveles de la escuela inicial y primaria, secundaria y de enseñanza superior, contribuyendo a identificar los contenidos y los métodos pertinentes y apuntando a fortalecer las capacidades, los conocimientos, los valores necesarios para los educadores para que estimulen y aceleren esta transición hacia una sociedad más viable.
Promover la idea de que, al igual que en los otros campos de la transición ecológica, cultural y societal que habrá que llevar a cabo, la transformación de los sistemas educativos no puede cerrarse sobre sí misma, que debe posicionar a los niños y jóvenes en el centro del dispositivo, que exige que las formaciones se arraiguen en territorios concretos, tanto para la reflexión como para la acción, y que debe basarse en un procedimiento colaborativo que asocie a los jóvenes con el sistema educativo y los otros actores del territorio, entre ellos las comunidades locales y las colectividades territoriales.
Aprovechar los eventos internacionales, en particular las conferencias anuales de la ONU sobre el cambio climático (COP) para hacer que se reconozca el lugar eminente de la educación dentro de cualquier estrategia de transición, para fortalecer la visibilidad de los compromisos políticos de cada nación en las transformaciones de su sistema educativo, hacer balances y discutir colectivamente sobre los avances que se hicieron y los obstáculos encontrados.

La ética de la Alianza
La Alianza no reemplaza de ninguna manera la acción de los innovadores en el campo de la educación. Pretende ser un espacio donde los intercambios puedan hacerse desde el respeto mutuo, con transparencia y simplicidad para permitir que cada uno salga de su papel institucional y comparta sus intuiciones, dudas y descubrimientos.
Al priorizar las lecciones aprendidas de las múltiples experiencias para sacar de allí, si fuera posible, principios directivos comunes, la Alianza desea poder fortalecer la credibilidad, la pertinencia y la audiencia de los innovadores.
La Alianza, en particular en su análisis del pasado y del presente, nunca apunta a juzgar personas o instituciones ni conceder puntos a favor o en contra de nadie; el análisis crítico del pasado o de la situación actual tiene como único objetivo abrir perspectivas a futuro, entendiendo mejor cuáles son los obstáculos que se oponen a los cambios, sin poner en tela de juicio la buena voluntad ni la competencia de los actores que están en el terreno.
La Alianza quiere ser pluralista, recibir la experiencia de actores con inserciones profesionales y convicciones filosóficas, religiosas o políticas diversas, desde el momento en que el diálogo se funde sobre reflexiones personales y no sobre posturas institucionales, que esté regido por la buena fe y por las ganas de avanzar juntos hacia la construcción de una conciencia planetaria. Por razones de seguridad, algunas personas podrán solicitar la confidencialidad de algunos diálogos.
La Alianza no pretende promover une reforma uniforme de los sistemas educativos, pues dichos sistemas tienen sur raíces en sociedades que son muy diversas. Por el contrario, parte de la idea de que esa diversidad misma es la que permitirá descubrir principios comunes que sean útiles para todos.

Los dispositivos de trabajo
Los fundadores son garantes del espíritu de la Alianza tal como se lo define en su carta constitutiva, que se apoya en el Manifiesto por una ciudadanía planetaria.
El grupo de fundadores es garante de los objetivos y de la ética de la Alianza, pero no pretende ejercer un rol de dirección. En caso de renuncia o fallecimiento de uno de los miembros fundadores, el grupo se renueva por cooptación con mayoría de dos tercios.
La fuerza de la Alianza resulta de la actividad de sus miembros, de sus competencias, su implicación personal, las redes que han sabido constituir o compartir a lo largo de los años, la credibilidad que cada uno adquirió por su rigor ético, su experiencia, su espíritu de cooperación y su capacidad de propuesta. El poder en el seno de la Alianza se desprende para cada uno de ellos del valor agregado que aporte y no de una posición determinada por el estatuto dentro de la agrupación.
La Alianza no se dota de una personería jurídica. La Asociación Schole Futuro acepta garantizar la secretaría operativa de la misma. A todos los miembros de la Alianza les corresponde contribuir en la búsqueda de medios financieros para su funcionamiento y desarrollo.